Nueva información al respecto del posible iPhone nano acaba de ver la luz en el otro lado del charco.
Partiendo de la lógica de que un iPhone más pequeño debe prescindir de gran parte de los componentes del modelo actual, y que para que sea económicamente competitivo hay que quitar los de mayor coste, se apunta a la memoria física como elemento a eliminar; todo el contenido del terminal estaría en la nube.
La letra pequeña de este asunto es que si no se dispone de memoria física es bastante probable que no se pueda almacenar contenido local -adiós a la App Store- , a menos claro, que la compañía esté pensando en algo parecido a una tarjeta microSD, lo que ya supone atacar al cerrado seguro sistema del terminal. La memoria que incluiría el terminal sería la suficiente como para mover los datos que se bajasen de la nube, aparte de los datos de configuración, datos los cuales deberían permanecer en algún tipo de memoria física. Lo primero que me viene a la mente es un sistema de memoria similar a los teléfonos de toda la vida para entendernos, y todo lo demás, en MobileMe.
Lo cierto es que en este sentido pensar en un iPhone es pensar en una parte con memoria física para almacenar contenido, aplicaciones, películas, fotos y demás y otra parte de memoria volátil para usos muy concretos, y que a la vez se encarga de ejecutar las operaciones, por lo que pensar en un iPhone nano sin memoria se antoja un tanto extraño. Claro que si está todo en la nube a primera vista parece todo sencillo, pero si pensamos en caché, en datos en grandes cantidades, etc, tampoco se ve demasiado claro.
Pero a la postre, y volviendo a los teléfonos de toda la vida, hace como quien dice cuatro días en el aparato solamente teníamos nuestra lista de teléfonos, mensajes y demás. Todo esto se debe almacenar en alguna parte y no, no me creo que «todo» quepa en una tarjeta SIM o microSIM. Me da que más de una operadora se está llevando las manos en la cabeza con la cantidad de datos que tendrá que mover, mientras en otros departamentos se frotan las manos cuando piensan en las facturas por tráfico de datos.
Al tiempo, porque estamos frente a una fuente de confianza, cuyos comentarios a veces -y sólo a veces- se confirman.